Lo despojaron del rango. Le arrancaron la lanza Luminara —ella misma gimió al separarse de su mano—. Y en el juicio de las Tres Coronas, la sentencia fue breve:
La niña se llama Lira. Tiene trece años y una pierna torcida. Vive con su abuelo, un herrero ciego que aún forja espadas para nadie, porque las guerras entre los reinos humanos terminaron hace una década. Cuando Kaelen acepta quedarse a cambio de trabajo en la fragua, el abuelo solo pregunta:
Kaelen tarda en responder. Ha olvidado el sonido de su propia voz.
Nicta no gritó. Solo susurró: “Caído serás, pero no por mano enemiga. Por la tuya propia.” Cronica de la Tierra Oscura- El Elfo Caido
“Que el Elfo Caído sea marcado en la nuca con el Sello del Vacío. Que se le niegue el canto de retorno. Que camine bajo cielos mortales hasta que la tierra misma lo olvide.”
Pero la certeza, pensó después, es solo una forma elegante de la ceguera.
En la aldea de Garrapata , un puesto minero al borde de la Sima del Olvido, lo encuentran una noche temblando bajo un cartel roto de taberna. No lleva armas. Tiene los cabellos blancos —no de plata élfica, sino de algo peor: un blanco muerto, como el de los gusanos de las profundidades. Lo despojaron del rango
—Tengo manos para el dolor —responde el elfo.
I’ve written it in a literary, epic fantasy style, balancing narration, atmosphere, and the protagonist’s inner conflict. Libro I: El Elfo Caído Prólogo – El Vértigo entre Dos Mundos
—Un recuerdo —dice al fin—. Uno que no debería existir. Tiene trece años y una pierna torcida
—¿Tienes manos para el yunque?
Una noche, al limpiar su lanza, vio en el reflejo del acero algo que no reconoció: sus propios labios manchados de un polvo gris. Los restos de un altar umbral. Una diosa de tres ojos que habían llamado Nicta , y a la que él había partido en dos con un solo tajo.
La Conclave lo supo. No por confesión, sino por el hedor del cambio: a partir de aquel día, Kaelen comenzó a soñar con raíces. No con raíces limpias de los jardines sagrados, sino con venas negras que palpitaban bajo la tierra, uniéndolo a algo que los ancianos llamaban La Oscura Memoria .