La zanahoria de emergencia era un vehículo improvisado con un tronco hueco y ruedas de corcholata. Rodaron colina abajo, perseguidos por el perro y por el capataz del camión, que gritaba: “¡Los nuggets no se hacen solos, malditas plumas!”
—¡A la zanahoria de emergencia! —gritó Pip.
El pánico estalló entre los más pequeños. Corridas, piadas de terror, plumas volando.
—¡Y con salsa BBQ!
—¿Qué son nuggets? —preguntó Pip, el más curioso del corral.
Nadie supo responder. Pero esa noche, la vieja Gallina Sabia (llamada así porque había sobrevivido a tres intentos de sopa) reunió a todos en el establo.
Ahí, entre cartones y latas, Pip comprendió la verdadera lección: Pollitos en fuga- El origen de los nuggets
Fue entonces cuando Pip, temblando pero decidido, subió a una cubeta de plástico.
Al amanecer, agotados y cubiertos de tierra, los pollitos llegaron a la ciudad. No sabían a dónde ir, pero encontraron refugio en una azotea abandonada, llena de macetas y una gallina punk que tocaba la batería con picos de botella.
Pero la gran noche de la huida, algo salió mal. El globo se enredó en los cables de la luz, el túnel terminó en la pocilga del chancho Rómulo (quien los obligó a escucharlo cantar rancheras a cambio del paso libre) y, para colmo, el vigilante nocturno —un perro salchicha con problemas de insomnio— los olió a tres metros. La zanahoria de emergencia era un vehículo improvisado
—Hijos míos —susurró, mientras miraba hacia la planta procesadora al otro lado del camino—, los nuggets no nacen de los árboles. Los nuggets… se hacen .
Y colorín colorado, este pollito escapó del empanizado.